Son 125 millones las mujeres que sufren mutilaciones genitales en el mundo

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Editorial, The economist, Reino Unido

Sohair al Bata’a

Según la UNICEF, en el mundo hay 125 millones de mujeres que son sometidas a mutilaciones genitales: 27,2 millones son egipcias.

El 20 de noviembre en Egipto fueron absueltos dos hombres acusados de la muerte de una joven de 12 años, sucedida en junio de 2013 luego de una operación de mutilacion genital. Son Raslan Fadl, el medico que hizo la operación a Sohair al Bata’a, y el padre de la joven Mohamed al Bata’a, a quien no se le ha reconocido ninguna responsabilidad. En tanto Fadl ha sido condenado a pagar cinco mil esterlinas egipcias (cerca de 550 euros).

Se trata del primer proceso de este tipo después de la entrada en vigor, en el 2008, de la ley que prohíbe la mutilación genital femenina en Egipto, que es aún el país árabe con el más alto numero de mujeres que son sometidas a esta práctica.

Predominio de la mutilación genital femenina en el mundo

Por qué la policía en Brasil mata a seis personas por día

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Gerardo Lissardy, BBC Mundo

En las cuatro horas que transcurrirán desde que comenzó a leer esto, es probable que la policía brasileña mate a alguien. Y en las cuatro horas siguientes, a otro. Así por días, meses, años.

La estadística surge de un estudio presentado este martes en São Paulo, que concluyó que en promedio mueren como mínimo seis personas diariamente en Brasil a manos de fuerzas policiales. El año pasado sumaron 2.212, indicó el texto del Foro Brasileño de Seguridad Pública (FBSP), una organización no gubernamental que busca mejorar la acción policial en el país.

El informe divulgado este martes destacó que en los cinco años que pasaron de 2009 a 2013, los policías brasileños mataron más gente que sus colegas de Estados Unidos a lo largo de tres décadas: 11.197 contra 11.090. Esta comparación sorprendió a los propios expertos que trabajaron en el informe, habituados a lidiar con cifras sobre la violencia policial y de la sociedad brasileña en general.

«Fue de asustar», dijo la directora ejecutiva del FBSP, Samira Bueno, a BBC Mundo. «Como uno de los autores del estudio, confieso que quedamos un poco impresionados con ese resultado». Entonces, ¿a qué se debe ese ritmo letal de la policía brasileña?

Luz verde

La mayoría de los policías estatales brasileños investigados por muertes son absueltos. Los especialistas atribuyen el fenómeno a problemas como fallas institucionales y la herencia que dejaron 21 años de régimen militar en Brasil (1964-1985). Algunos señalan que la acción violenta de la policía es vista por buena parte de la sociedad brasileña como una forma efectiva de control del delito.

«Cuando los policías matan, cuentan muchas veces con un incentivo de la población, porque existe un descrédito muy grande en las instituciones brasileñas, sea en la justicia, la policía o el ministerio público», señaló Bueno. «La máxima de ‘bandido bueno es bandido muerto’ infelizmente es fuerte en el país», agregó.

Sostuvo además que hay una connivencia de los órganos de control con la violencia policial, y el mensaje que recibe la tropa «es que si la opción fuera apretar el gatillo, no hay problema». La impunidad fue señalada como una causa de la letalidad policial en otro estudio divulgado en abril por la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), en el estado de São Paulo. El trabajo reveló que, de casi un millar (944) de policías estatales investigados por muertes entre 2009 y 2011, prácticamente la totalidad (94%) fueron absueltos sin cargos en su contra.

Un despliegue policial en Rio de Janeiro

«Racismo institucional»

Otros investigadores sostienen que la agresividad de la policía brasileña es tan sólo un reflejo de lo que ocurre en la sociedad en general. Los costos de la violencia en Brasil ascendieron a unos US$100.000 millones el año pasado, según el informe del FBSP. Eso es más que el PIB de Ecuador el mismo año.

El texto indicó que cada 10 minutos una persona es asesinada en Brasil, donde se registraron 53.646 muertes violentas el año pasado. Y destacó que los negros brasileños tienen 30,5% más probabilidades de ser víctimas de homicidio o 18,4% más chances de ser encarcelados. Sólo en São Paulo, la tasa de negros muertos por la policía en 2011 fue tres veces superior a la de blancos, según la investigación de la UFSCar, que destacó que la gran mayoría (79%) de los uniformados involucrados eran blancos.

«Tenemos un esquema de racismo institucional muy fuerte, inclusive dentro de aquellos que deberían cumplir y hacer cumplir las leyes», dijo a BBC Mundo Julio Jacobo Waiselfisz, experto en estudios de violencia de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) Brasil.

En Brasil, la violencia policial contra las personas de color es diaria

Si bien Brasil tuvo en 2011 una tasa de homicidios comparable a México, las cifras del FBSP en base a datos oficiales indican que ese año la policía brasileña mató a más personas que la mexicana: 2.042 contra 1.652 respectivamente.

También consignó que en Venezuela, un país con una tasa de homicidios bastante superior, hubo 704 muertos en enfrentamientos con la policía en 2006, último año del que dispuso de cifras.

En Colombia, las fuerzas de seguridad (incluido el Ejército) mataron a 253 personas el año pasado según el Instituto de Medicina Legal. Arturo Wallace, corresponsal de BBC Mundo en Bogotá, indicó que la cifra de personas muertas por las autoridades fue significativamente menor que en Brasil, pese a que en ese país hay un conflicto con guerrillas.

Aunque, por supuesto, la cifra de población total brasileña es muy superior a la de México, Colombia o Venezuela, lo que debe tomarse en cuenta al hacer comparaciones estadísticas entre los países. En Brasil cada estado tiene una policía militar que se encarga de las tareas de vigilancia y preservación del orden público, y una policía civil que funciona más como asistente de investigaciones judiciales.

El estudio del FBSP incluyó cifras de ambos cuerpos y señaló que la policía de Río de Janeiro es la más letal del país, pero disminuyó a menos de la mitad su cifra de muertos con la instalación de unidades de «pacificación» en favelas que eran dominadas por narcos. Los estados de São Paulo y Bahía siguen en la lista.

Paulo Storani, un ex subcomandante del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) de Río que inspiró al personaje de la película «Tropa de Elite», indicó que la policía brasileña también tiene altos índices de efectivos muertos por la violencia. «Mueren en servicio y mueren en la hora de descanso: son asesinados por ser policías militares o civiles», dijo Storani a BBC Mundo. Sólo el año pasado murieron en Brasil al menos 490 policías de forma violenta, tres cuartos de ellos fuera de servicio y apenas un cuarto cumpliendo funciones, según el informe de FBSP.

Los policías a menudo también son víctimas de la violencia en Brasil. Actualmente el antropólogo especializado en seguridad, Sotorani sostuvo que los problemas van desde una falta de entrenamiento adecuado hasta errores en la concepción de la labor policial. «Las policías de Brasil, tanto civil como militar, todavía están ligadas a un modelo muy represivo, de policía de vigilancia diferente al de una policía de protección», sostuvo. Y añadió que «la tendencia es siempre a la acción letal, cuando debería ser usada la fuerza de forma progresiva, obedeciendo a límites legales y protocolos internacionales».

Las culpas de Israel en Jerusalén este

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Amira Hass, Ha’aretz, Israel

Los palestinos de Jerusalén que se enfrentan a la policía quieren recordar al resto del mundo que desde hace medio siglo viven bajo ocupación. La opinión de la periodista israelí Amira Hass.

Jerusalén este es una ciudad martirizada, y el dominador que asesta los golpes e inflige las torturas se refriega las manos por la felicidad porque, una vez más, ha conseguido convencer a los colegas y medios de información del extranjero de escandalizarse por la violencia cometida por las víctimas y a ignorar los ataques que él ha cometido. Jerusalén este vive bajo el dominio israelí desde hace casi cincuenta años. Es una ciudad imbuida por la violencia. Para calcular la dosis necesaria de nuevas leyes draconianas, bloques de cemento y agua sucia (usada para «aplacar las revueltas» palestinas), los expertos israelíes han estudiado los motivos del caos en Jerusalén este. Han llegado a la conclusión de que es debido en un 13% al hecho de que la población paga las tasas municipales sin recibir servicios; un 12% por la carencia de escuelas y viviendas, mientras la tierra es expropiada para construir calles y viviendas para los hebreos; un 17% por los hebreos que invaden las casas ajenas; y en un 58% debido a la cuestión de la mezquita de Al Aqsa (que es parte del complejo de edificios religiosos llamado Noble Santuario por los musulmanes y Monte del templo por los hebreos). Si no fuese por estos motivos, sostienen los expertos, Jerusalén este sería tranquila.

Abusos internacionales

No debemos preguntarnos porque Jerusalén este está en agitación, sino que cosa quiere obtener Israel, que desde hace medio siglo comete abusos y robos a paga de los palestinos. En los últimos veinte años, aprovechando el proceso de paz como cobertura, ha intensificado los ataques contra la población originaria de la ciudad. Los distintos gobiernos y administraciones municipales han hecho de todo para eliminar de la vista a los palestinos de la ciudad.

El problema es que los palestinos no colaboran. No sólo rechazan irse, sino que perturban la calma. En estos días, cientos de jóvenes valientes se enfrentan con las fuerzas de seguridad recordando al resto del mundo que desde hace cincuenta años los palestinos están sufriendo una dominación violenta.

Decenas de ellos lanzan piedras contra los hebreos, considerados los representantes de aquella parte de los habitantes de la ciudad que no hace nada para terminar con los abusos. Algunos, sedientos de venganza, atropellan a los hebreos con los autos.

En los últimos veinte años, Israel ha buscado aislar cada vez más a Jerusalén este de Cisjordania y de la franja de Gaza y, ordenando el cierre de las instituciones de la OLP, ha prohibido el liderazgo palestino en la ciudad. Fragmentando a la población y neutralizando a los líderes, los israelíes piensan de poder debilitar la resistencia. Hasta ahora el sistema ha funcionado y ha permitido proteger el status quo. Pero existe un motivo por el cual Jerusalén este no se somete. A diferencia de Gaza y de Cisjordania donde existe una ilusión de soberanía y existe un gobierno que mantiene separadas a las fuerzas ocupantes de la población, en Jerusalén los palestinos viven directamente bajo el yugo israelí. Esta situación ha llevado al empobrecimiento de gran parte de la población árabe de la ciudad e incentivado a muchos palestinos de la clase media a irse.

Por último Jerusalén es la sede del Noble santuario y de la cúpula de la roca, un polo de atracción religioso y emotivo que, en ausencia de líderes carismáticos, se ha convertido en un símbolo nacional para quienes que no ven una solución política en el horizonte. El sitio sacro es un punto de referencia religioso para un millón y medio de fieles en el mundo. Pero es también una fuente de poder y fuerza para la pequeña población originaria a la cual Israel busca de robar cada recurso concreto y simbólico.

Cuatro mundos

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José Ignacio Torreblanca, El país, España

En vista de los acontecimientos, ¿estamos en 1914, 1938, 1945 o en 2014?

“Si su artículo comienza con ‘desde el fin de la Guerra Fría’ no se moleste en enviarlo”. Así comenzaban las instrucciones para potenciales contribuyentes que la revista Foreign Policy incluía en sus páginas hace sólo una década cuando lanzó su edición española. Dicho en otras palabras, el consenso hace diez años era que la Guerra Fría era historia antigua y que nada de ella se proyectaba sobre el presente.

El siglo XIX había terminado en 1914, se nos decía, y el siglo XXI había comenzado en 1989. Desde esa óptica, los atentados del 11-S en septiembre de 2001 no eran sino la confirmación de que el siglo XXI iba a estar dominado por la unipolaridad militar (con una sola hegemonía, Estados Unidos), y la multilateralidad económica, con múltiples países en emergencia, especialmente en Asia (China, India), pero también en América Latina (Brasil, México). En ausencia de un nombre mejor y haciendo alarde de poca imaginación, decidimos llamar a esta situación “pos- Guerra Fría”.

Hoy, una década más tarde,nos hemos visto debatiendo sobre dónde estábamos. ¿Estamos en 1914, en el preludio de un nuevo conflicto global, esta vez desencadenado en Asia por las tensiones entre China y sus vecinos? A favor del planteamiento jugaría el hecho de que, recordemos, 1914 probó que la interdependencia económica no siempre es una garantía de paz. Al revés, desde las guerras del Peloponeso, sabemos que las rivalidades y recelos que genera el ascenso de unos suele generar tensiones, realineamientos estratégicos e, incluso, errores de cálculo que pueden llevar al conflicto a pesar de que los actores no lo busquen deliberadamente. Por tanto, ojo con la combinación de nacionalismo, autoritarismo e irredentismo: el Mar de la China meridional podría convertirse en la cuenca del Ruhr del siglo XXI.

No, nos dicen otros, fundamentalmente en Europa Central y Oriental y los países bálticos: estamos en 1938, y el problema es que no comprendemos que el hecho de que Crimea no sea importante estratégicamente no es lo relevante. Lo que importa, dicen, es que si no entendemos correctamente la lógica expansionista y afirmativa de una Rusia que se siente humillada por cómo se cerró la Guerra Fría, no entenderemos que debemos plantar cara a Moscú, trazar una línea roja y renunciar al apaciguamiento. Por tanto, al igual que un Hitler resentido con el Tratado de Versalles entendió la cesión de los Sudetes como una luz verde para proseguir con sus ambiciones territoriales, Putin interpretará nuestra debilidad en Ucrania como una señal de debilidad que le permita restaurar el territorio y el honor de una Rusia herida. Como el propio Putin ha declarado recientemente en un discurso pronunciado en el Foro Valdai en Sochi, la URSS se disolvió sin que ni siquiera se firmara un Tratado especificando la posición de Rusia en la pos Guerra Fría.

Para un tercer grupo no estaríamos en 1938 sino en 1945, al comienzo de una nueva Guerra Fría, obligados a pensar cómo contener las ambiciones imperialistas de Rusia, esta vez disfrazadas de nacionalismo étnico y aupadas en el petróleo y el gas, pero evitando un devastador conflicto militar. Debemos combinar pues las sanciones y el aislamiento con acuerdos de coexistencia, pero sin mezclarnos.

Y para concluir, la confusión es tal, fíjense, que hay quienes incluso dicen que estamos en 2014, y que ni 1914, 1938 o 1945 sirven para entender nada de lo que nos está pasando. Y tienen razón: 25 años después de la caída del Muro, seguimos sin saber en qué mundo vivimos.

Esclavitud moderna afecta a más de 35 millones de personas

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Larry Elliott, The Guardian, Reino Unido

Cinco países incluyendo India, China y Rusia cuentan con el 61% de toda la esclavitud, según Walk free foundation

Más de 35 millones de personas alrededor del mundo están atrapadas en una forma moderna de esclavitud de acuerdo a un reporte, destacando el predominio del trabajo forzado, tráfico de personas, matrimonios forzados, servidumbre por deudas y la explotación del comercio sexual.

La Walk Free Foundation (WFF), una ONG con sede en Australia que indica el índice global de esclavitud cada año, señaló que como resultado de mejores datos y una metodología mejorada han aumentado sus estimaciones en un 23% respecto al año anterior. Cinco países cuentan con el 61% de la esclavitud, aunque ésta fue encontrada en cada uno de los 167 países cubiertos en el reporte, incluido el Reino Unido.

La India estuvo en lo más alto de la lista con cerca de 14,29 millones de personas esclavizadas, seguida por China con 3,24 millones, Pakistán 2,06, Uzbekistán 1,2 y Rusia 1,05 millones. Mauritania tuvo la mayor proporción de población en esclavitud, con el 4%, seguida por Uzbekistán con 3,97%, Haití 2,3%, Qatar 1,36% e India 1,14%.

Andrew Forrest, el director y fundador de WFF -la cual está promoviendo el fin de la esclavitud dentro del curso de una generación- dijo: «Existe el supuesto de que la esclavitud es un tema del pasado. O que sólo existe en países devastados por guerras y pobreza. Estos descubrimientos muestran que la esclavitud moderna existe en todos los países. Somos todos responsables de las más espantosas situaciones en donde la esclavitud moderna existe y por la desesperada miseria que trae a nuestros camaradas de la raza humana. El primer paso para erradicar la esclavitud es medirla. Y con esa información crítica, debemos todos juntos -gobiernos, empresas y la sociedad civil- poner fin a las más graves formas de explotación».

Los países identificados como líderes de la lucha contra la esclavitud moderna incluyen a Australia, Austria, Georgia, Irlanda, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza, Reino Unido y los Estados Unidos. Sólo Australia, Brasil y los Estados Unidos, de todas formas, estaban haciendo esfuerzos para abordar el tema en la contratación pública y en las cadenas de suministros que operan en esos países.

La esclavitud moderna es una tema político vivo en el Reino Unido, con un proyecto de ley moviéndose en el parlamentoy David Cameron destacándolo en su discurso frente al partido conservador este año.

«Pero hay más injusticia cuando se refiere al trabajo, y es incluso más estremecedor. Bandas criminales traficando personas en el mundo y haciéndolas trabajar en las más terribles condiciones», señaló Cameron. «He ido a ver estas casas construidas para familias de 4 personas, con 15 personas hacinadas como animales. Para esos señores del crimen que creen pueden salirse con la suya, yo digo ‘no, no en este país, no con este partido’… Con nuestro proyecto de ley sobre la esclavitud moderna estamos yendo tras de ustedes y poniendo fin a esto de una vez por todas».

Olly Buston, director del movimiento WFF dijo: «Existe aún una posibilidad que de que el proyecto de ley sobre la esclavitud moderna hará las leyes anti esclavistas británicas las mejores en el mundo. Pero el borrador del proyecto debe ser fortalecido. Los niños y las otras víctimas de la esclavitud necesitan ser protegidos correctamente. Y el proyecto debe asegurar que las empresas tomen acciones para terminar con la esclavitud en sus cadenas de suministro».

Las votaciones simbólicas de Cataluña

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Isabel Cristina Arena, El espectador, Colombia

El pasado 9 de noviembre, el 37% de los catalanes votó en una pseudoconsulta. El 80% de ellos lo hizo a favor de la Independencia de Cataluña. Testimonio y reflexiones de una estudiante extranjera.

Una consigna con la frase «Cataluña, nuevo estado de Europa»

Vivo en Barcelona hace casi tres años, pero mi estatus de estudiante me mantiene a raya de poder apoyar una u otra causa sobre la Independencia de Cataluña. Mi voto es aún más transparente que el de las 2.305.290 personas que asistieron ayer a las urnas. Por más que me interese el tema, debo limitarme a preguntar y a oír a mis amigos catalanes, al señor que me vende el periódico los fines de semana, a mis compañeros de trabajo y a todo el que quiera responderme si quiere o no (y las razones) la independencia de Cataluña. Quizás así sea más fácil comprender, sin juzgar, el por qué cada vez se ven más banderas con la estrella independentista.

Desde el miércoles 5 de noviembre se empezaron a oír los cacerolazos en mi calle. Vivo en un barrio muy catalán en la Carrer de la Llibertat (así en catalán, para que la encuentre Google) en Gracia. Por eso llegué a pensar que el sonido de los vecinos que golpeaban las tapas, las ollas o el marco de las ventanas era solo de euforia, un preludio de las votaciones del pasado domingo 9 de noviembre (9N). No podría decir cuánto duraban exactamente los cacerolazos, pero sí que empezaban a las diez en punto de la noche y pasaban de los quince minutos, y si la hora acordada los tomaba paseando al perro, sacaban las llaves del bolsillo y las hacían sonar contra los postes de la luz. Los cacerolazos eran en toda la ciudad. Una vuelta por Twitter y WhatsApp me hizo dar cuenta de que mis amigos catalanes de otros barrios, el Borne, Les Corts, Nou Barris, también oían lo mismo. El sonido se repitió el 6, 7 y 8 de noviembre y no era euforia, sino una sincronización de los ciudadanos que pedían poder votar. Que su SÍ o su NO fuera tenido en cuenta por el gobierno español. Ya no digamos por la Comisión Europea, que lo declaró como un “asunto de organización interna”.

Artur Mas, presidente de Cataluña

El pasado 9 de noviembre un 37% del censo actual asistió al colegio o lugar asignado para responder si quería que Cataluña fuera un Estado y, en caso afirmativo, si ese Estado fuera o no independiente. Dos preguntas sencillas y determinantes. Las votaciones se llevaron a cabo con tranquilidad y Artur Mas las declaró exitosas. Sin embargo, “la democracia de la ficción”, como fue titulada por El Mundo, no es vinculante, no tiene validez ante el gobierno español, ha sido solo una votación simbólica. Aunque más del 80% de los votantes se decidió por el SÍ en los dos casos, hay que recordar que es el 80% de un 37%. Podían votar los mayores de 16 años residentes en Cataluña, es decir, unas 6’228.531 personas según el último censo.

Hablando con amigos nacidos en la región, de bandos opuestos por el SÍ y el NO, leyendo los periódicos y estando al tanto de los comentarios de las personas alrededor, es fácil ver que el mayor temor sobre ser un país aparte es que no hay respuestas claras sobre el futuro económico de Cataluña. No existe un debate aterrizado sobre si se estará o no dentro de la Unión Europea, sobre el euro, el pago de pensiones, las mejoras en el sistema de salud, etc. Los partidos políticos a favor del SÍ dicen qué harán pero no cómo lo harán. Por ejemplo, a mi buzón de correo llegó un volante con las 9 razones para votar y comenzar un país nuevo, y en ninguna parte decía algo sobre la forma en que se creará más trabajo, una de las promesas que más necesitarían ser cumplidas. Mis amigos catalanes a favor del SÍ me explican que ellos, los catalanes, han sido oprimidos desde siempre, no pudieron hablar su propio idioma por años, muchos de sus abuelos murieron en la guerra, esto sin contar a los desaparecidos, además “España está llena de políticos corruptos”. Y entonces mencionamos el caso Pujol, ex presidente de Cataluña, investigado por crear una red de negocios ilícitos que beneficia a otros políticos y que involucra a toda su familia. En tema de corrupción hay un empate. Pero no estamos hablando de partidos, sino de la gente normal que va por la calle y paga impuestos, que quiere que su opinión por lo menos sea tenida en cuenta, como en Escocia, o en Quebec.

Otros amigos españoles pero no catalanes pueden entender, quizá más de primera mano que un extranjero, por qué los catalanes quieren independizarse. Sus abuelos también han vivido la guerra, las historias las han oído en sus propias casas y ya están tan mezclados con los catalanes que hablan su idioma con facilidad. Sin embargo, cuando piensan en términos personales no están de acuerdo con que el lugar en donde viven hoy sea un Estado independiente. “¿Dónde quedaría mi familia, sería un extranjero en mi propio país?”, Ven el asunto como un muro que se levanta. Al final de la fila están los estudiantes que ven su vida en Barcelona y yo, que quiero vivir aquí pero que debo cumplir ciertos requisitos para ser residente y poder votar aunque sea en forma simbólica en una consulta catalana.

Las votaciones del 9N no tienen validez legal. Sin embargo, han sido noticia en la prensa internacional. Diarios como Financial Times, The Wall Street Journal, The New York Times, BBC, Bloomberg o The Guardian han destacado el proceso participativo de los catalanes, que por lo que se ve en las noticias, se oye en la radio y en las calles, sigue adelante con más fuerza. Artur Mas busca ahora el referéndum definitivo.

Acuerdos climáticos

James Surowiecki, The new yorker

Durante la reciente cumbre sobre el cambio climático de las Naciones Unidas, fue difícil no pensar en la broma, atribuida a Charles Dudley Warner, «Todos se quejan sobre el clima, pero nadie hace nada». Un desfile de líderes mundiales (incluyendo a Barack Obama) hicieron todos los movimientos indicados, pero hubo poca acción. Por lo tanto fue notable cuando Noruega anunció un pacto con Liberia: Noruega daría a Liberia más de ciento cincuenta millones de dólares en ayuda, a cambio de lo cual Liberia trabajaría en detener la rápida destrucción de sus árboles.

Liberia tiene bastante de lo que queda del bosque lluvioso del oeste de África, pero la deforestación es desenfrenada. La iniciativa no es un acto de caridad sino un pacto: Liberia consigue ingresos, los cuales necesita; Noruega consigue preservar la biodiversidad y da un pequeño paso contra el cambio climático. Un pacto similar hizo Noruega con Brasil años atrás que ayudó a ralentar la deforestación en este país. Los economistas llaman a acuerdos como estos «pago por servicios ecosistémicos», los cuales siguen un razonamiento lógico, de acuerdo al teorema de Coase. En 1960, el economista Ronald Coase propuso que la negociación entre las partes podría, bajo ciertas condiciones, producir un beneficio mutuo y soluciones eficientes a problemas como la contaminación. Intentando forzar a Liberia a detener la tala de árboles (usando, digamos, sanciones) sería prepotente y probablemente ineficaz. Pagar a Liberia para hacerlo pone a los dos lados en una mejor situación.

En el gran cuadro de las cosas, detener la deforestación en Liberia es una pequeña victoria. Pero la estrategia detrás de esto podría ser tremendamente importante para la política del cambio climático. Uno de los mayores desafíos cuando se refiere a frenar las emisiones de gas invernadero es que los países en desarrollo se están volviendo más prósperos. Y, mientras más rápido crecen, más rápido crecen también sus emisiones. Graciela Chichilnisky, una economista de Columbia y creadora del carbon market en el protocolo de Kyoto, me señalõ, «En términos históricos, los países en desarrollo han sido víctimas del cambio climático. Pero en el futuro podrían ser una gran parte del problema». Queremos que los países en desarrollo prosperen, como lo ha hecho China, porque es la mejor manera de luchar contra la pobreza global. Pero, como Heather Coleman, el director de la política de cambio climático de Oxfam America me dijo, «El planeta no puede soportar otras cinco o seis Chinas».

Aún así, es irreal esperar que los países en desarrollo se abstengan de crecer. En vez de esto, el mundo desarrollado debería seguir el ejemplo de Noruega y ayudarlos a pagar por la transición a una economía menos basada en el carbón. «Los países en desarrollo deberán tener un salto a nuevas tecnologías si queremos que reduzcan sus emisiones», dijo Coleman. «Si quieres, dijo, que los países asiáticos construyan las redes necesarias para hacer la energía solar realmente efectiva, vamos a tener que invertir realmente en esto». Han habido movimientos en esta dirección: China ha comenzado a invertir en energía solar, usando en parte dinero acumulado de la venta de carbón a países desarrollados. Y, en 2011, las Naciones Unidas crearon algo llamado el Fondo Climático verde, destinado a la «mitigación y adaptación» del mundo en desarrollo. Pero el sistema está demasiado desfinanciado: las Naciones Unidas debían «mover» cien billones de dolares anualmente para el 2020, pero, hasta ahora, el fondo ha recibido menos de dos billones y medio en financiamiento. E incluso el monto que se tenía como objetivo es probablemente menos de lo necesario. Chichilnisky cree que el mundo debiese gastar al menos doscientos billones de dólares al año en la transición hacia la eliminación del carbón.

Para el occidente, el cual es responsable de la mayoría de las emisiones de dióxido de carbono hoy en día, pagar a los países en desarrollo para hacer la transición hacia la eliminación del carbón no es sólo lo correcto, sino que va también en sintonía con nuestro propios intereses. Los gases invernaderos emitidos en África nos dañan tanto como lo emitidos aquí. «Si África quema solamente el carbón y petróleo que tiene en su territorio para industrializarse, provocaría trillones de dólares en daños», ha dicho Chichilnisky. «Si los países en desarrollo continúan a ser dependientes de los combustibles fósiles, no importará cuan limpio sean los Estados Unidos». Aquí es donde se aplica el teorema de Coase. Coase sugería que, en el caso de un problema como la contaminación, no importa quien sea el que contamine: las personas que pagan para detenerlo serán quienes cosechen el beneficio más grande por hacerlo. En el caso del cambio climático, los países desarrollados obtienen una gran cantidad de pérdidas a causa de las emisiones de los países en desarrollo. La mayor parte de los países en desarrollo, sin embargo, no tienen ni los recursos ni los incentivos para reducir la dependencia de los combustibles fósiles por si solos: su mayor preocupación es el crecimiento económico. (Polls demuestra que el accionar en relación al cambio climático es más una prioridad para ciudadanos de países desarrollados que para ciudadanos de países pobres). Entonces, como Noruega y Liberia, tiene sentido para nosotros el pagar para reducir las emisiones.

El problema, por supuesto, es que Estados Unidos no es Noruega. El presidente Obama tendrá que luchar para aportar fondos al Fondo climático verde. No es porque no tengamos el dinero. Si los Estados Unidos adoptaran un sistema de comercio de carbón (con permisos de emisiones subastadas al comercio) o incluso un impuesto al carbón -ideas propuestas tanto por economistas liberales y conservadores- podríamos canalizar los ingresos de estos planes al Fondo climático verde. Pero no hay nada en que los Republicanos (y algunos demócratas) estén menos interesados que en gastar dinero en países extranjeros para combatir el cambio climático. Como lo ha señalado Coleman, «Combinas ayuda al extranjero con cambio climático, y terminas con un asunto político bastante impopular». La lógica económica y moral de pagar a los países para emitir menos es buena. Los políticos que trabajan en ellas son terribles.

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